Mis despertares

Por Anna Martínez, profesora de La Industria

Los que me conocen se sorprenden de que empiece la mayoría de los días cantando o silbando mientras me visto y desayuno. A algunos les irrita tanta “purpurina matutina” y a otros les encanta la idea de empezar el día con “buen rollo” y todos acaban preguntándome cómo puedo despertarme tan feliz. La verdad es que despertarme es algo que siempre me ha molestado de forma natural. Pero desde hace un par de años esos primeros minutos de conciencia pasaron de ser una tortura inescapable a uno de los momentos más profundos y espirituales de mi día.

Para llegar a este punto, han hecho falta muchos momentos intensos a solas con Dios (casi siempre dramáticos, llenos de lágrimas y pataletas), pero son conclusiones que se mantienen y se siguen confirmando aun con el paso del tiempo. Es algo que ha cambiado mi vida, mi descanso y mis despertares y ¡lo guardo como un tesoro en mi corazón! Hoy me gustaría compartirlo con vosotros.

Durante muchos años viví un estilo de vida donde la mayoría de las noches me acostaba con un sentimiento de frustración: sabía que no había aprovechado demasiado el tiempo; como siempre, había mentido un montón para mantener mi doble vida moral intacta; un día más no había pasado tiempo con Dios; tenia conversaciones pendientes con gente y había pecado en cosas “tontísimas“ pero que solo yo sabía y que no me atrevía ni a reconocer. Sabía que aunque la jornada llegaba a su esperado fin los problemas y líos mentales me esperaban al otro lado de la noche justo en el punto en que los dejaba al dormirme.

Irme a dormir preocupada y con miedo hacía que no descansara bien, no descansar no me daba claridad mental para centrarme a buscar soluciones y así pasaban las semanas odiando despertarme y darme cuenta de que el minuto 1 amanecía cargadito de más de lo mismo sin resolver. Que fuera un día nuevo no cambiaba nada.

A mí el “ mañana será un nuevo día “ no me servía.

No sé si te identificas conmigo, si tu momento de agobio existencial también llega cuando estas solo en tu habitación o si te viene la iluminación cuando cocinas, o cuando vas en el metro o cuando estas sentado en el lavabo un rato... No importa, imagino que sabes de lo que hablo y que entiendes más o menos la angustia que sentí. La cuestión es que empecé a resolver estos miedos de raíz cuando empecé a hacerme las preguntas correctas:

¿Qué es lo que veo sobre la mesa cuando pongo “las cosas sobre la mesa”? ¿Qué posición escojo adoptar cuando me examino? Si se supone que soy cristiana, entonces ¿Qué voy a hacer con esto?"

LAS COSAS SOBRE LA MESA

En primer lugar, me di cuenta que uno de los factores que me hacía sentir este vacío era mi conducta. Pero me di cuenta de que no era la raíz del problema, ya que mi primera reacción para acabar con las rayadas mentales fue intentar “hacer bien” las cosas: mentir menos, ser eficaz en mis estudios y trabajo, comer sano, hacer deporte, no mentir.... Es cierto que me metía en menos líos y mis emociones eran más estables, pero seguía odiando despertarme porque tenía pánico a que algo inesperado hiciera que mi fuerza de voluntad o motivación fallaran y volviera a destrozar los objetivos del día haciéndome sentir todo lo desastre que era. Después de muchas semanas de intentos de días perfectos frustrados me di cuenta de que la raíz de mi problema era precisamente ese: mi INCOMPETENCIA. Vi que no importaba cuanto me esforzara o cuanto quisiera ignorar mi condición... la realidad es que por mí misma nunca conseguiría que mi vida tuviera sentido al 100% y que siempre estaría en riesgo de auto engañarme o fallarme a mí misma, a los demás y a Dios.

Una de esas noches leí Filipenses 4:13 dice “TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTLECE” y esas palabras me iluminaron. Yo no podía dar sentido a mi vida, pero Dios si, y si hacía esa verdad mía no tenía por qué tener pánico a cagarla, ni tenía que cargar la presión de que “todo saliera bien”, Dios era capaz en lo que yo era incapaz.... si le daba esa parte de control, el problema quedaba cubierto.

MI POSICIÓN

Una vez entendí que con Dios podía hacer lo que yo no era capaz de hacer sola, me di cuenta de que cada vez que el momento “no puedo más” llegaba la culpabilidad atacaba por partida doble. Creo que con esto si me atrevo a pensar que me entendéis perfectamente. Me sentía fatal y me sentía fatal por sentirme fatal. Un día fui consciente de esta repetición casi enfermiza y como ya empezaba a cansarme me planté y le pregunté a Dios: ¨esto tiene que ser así? O hay algo que pueda hacer para no estar en esta posición más? La respuesta fue aplastante.... “No os he dado un espíritu de cobardía....si no de dominio propio”. Dios me estaba diciendo que si yo no quería estar en esta situación más, lo que tenía que hacer es simplemente no estarlo. Si había entendido que en Él todo lo puedo, por que seguía en este círculo vicioso de ansiedad? Yo estaba permitiendo que las mentiras sobre mi identidad afectaran a mi descanso, a mi despertar y a mi confianza en el Todo poderoso.

Así que tomé la decisión de cambiar de posición cada vez que estos pensamientos quisieran tomar un primer plano en mi mente. No iba a perder ni un minuto más dándole vueltas a pensamientos victimistas, catastrofistas y de condenación. Iba a seguir examinándome pero desde una posición de verdad. Desde la perspectiva de que cuando confesamos somos libres y podemos descansar, (Por tanto, para que sean borrados vuestros pecados, arrepentíos y volveos a Dios. A fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor. Hechos 3:19) y de que “ni la vida ni la muerta puede separarme del amor de Dios” (Romanos 8:35-39)....empecé a repetir en voz alta verdades como estas antes de dormir para convencerme a mí misma de lo que ya sabía: Dios me ama, yo le quiero amar a ÉL. No soy perfecta, Él sí. Me he equivocado, El me perdona. Mañana es un nuevo día, y el promete ayudarme. Él ha vencido a la muerte, no tengo nada que temer. Él no se cansa de mí y mañana seguirá perfeccionando la obra que hoy empezó en mí. Me conoce, sabe quién soy.

Desde que he creído estas promesas, me despierto cada día con la profunda convicción de que REALMENTE la misericordia de Dios es nueva cada mañana. No acabo de entender cómo funciona exactamente, pero por gracia se nos da página en blanco cada, cada, cada, cada, cada día.

Esta experiencia ha marcado un antes y un después en mi vida y me gusta mucho hablar con la gente sobre cómo a cada persona le afecta de forma muy distinta las mismas dudas existenciales. Estos son los tres puntos principales que creo que a mí me ayuda tener en mente:

  • ESTE MOMENTO “DRAMA” ES BUENO:

Todo ser humano, sin excepción, pasa por este tipo de momento. Esta preocupación es nata, Dios nos creó con la capacidad y la necesidad de pensar de forma trascendental, aunque afirmemos no creer en el “más allá”. (Eclesiastés 3:11). A ese momento incómodo la biblia le llama “examinación” y su función es poner sobre la mesa de forma sincera dónde está nuestro corazón y nuestra mente. Esto es algo BUENO, si te ves envuelto en un momento dramático porque ves que no estás al 100% bien con Dios es muy buena señal! El Espíritu Santo te lo está revelando para que puedas arrepentirte y rendirte! Digamos que es el punto de partida hacia un posible cambio de rumbo y quien quiera negarlo que mienta, pero los cambios suelen dar miedo. Así que de entrada, seamos quién seamos y hagamos lo que hagamos, todo nos encontramos como mínimo una vez a la semana con la oportunidad de reflexionar desde una posición favorable al cambio. Es un buen ejemplo de la gracia infinita de Dios para nuestras vidas y tenemos que aprovecharlo”

  • NO ESTAS SOLO CON EL MARRÓN:

Somos libres para decidir cómo gestionamos estas oportunidades de cambio y nadie puede obligarnos a profundizar en temas que no queramos. Pero cuando el Espíritu Santo nos confronta con nuestro pecado lo hace desde el Amor y ofreciendo su poder para resolverlo. Eso por definición es intenso y puede asustar...así que Un buen consejo es no ponerse a la defensiva ni tener miedo. Podemos confiar en que según el carácter de Dios, su intención como Padre es lo mejor para nosotros. Os animo a querer cambiar con su ayuda en lugar de intentar arreglar todo el lio por nuestros propios medios. Cristo se ofrece con la ayuda ideal para el problema real con un poder sin igual en el momento oportuno.

  • ES UNA VERDAD QUE NO CAMBIA PERO QUE CAMBIA TU VIDA:

Tenemos la certeza de que esto no es solo una idea sacada de un libro de autoayuda para que empieces el día seguro de ti mismo, es algo que el Creador de la vida, de tu vida, ha decidido establecer para que confíes en El. Lo que Jesús pago para que nosotros tengas esta oportunidad es el acto más poderoso que ha ocurrido en la historia del Universo y puede ser una realidad visible, tangible y viva en tu vida si lo aplicas. En Lamentaciones 3:22-23 leemos “Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana. Qué grande es Tu fidelidad”

En conclusión, como hijos de Dios tenemos la alegría de pertenecer al Dios de AMOR incondicional, Paz, Salvación, el Dios que ha vencido a la misma muerte y que tiene control sobre cada una de tus situaciones rutinarias, el Dios que te tiene toda la paciencia del mundo y está esperando con los brazos abiertos a hablarte y decirte mil cosas increíbles, el Dios que quiere salvar a tus amigos, a tu familia, el Dios que va a volver cuando menos los esperemos para hacer justicia y llevarnos con Él para siempre, El Dios que nunca falla, El Dios que siendo todo eso ha OLVIDADO lo que fuese que hicieras mal ayer para darte una oportunidad hoy y vivas la vida plenamente como Él ha diseñado.... bueno, ya veis que lo mío no es sólo cuestión de purpurina matutina, es que con esta información fresca en mi corazón y mi mente desde el minuto 1 del día...¿quién no desayuna cantando?

Equipo y Profesores La Industria ADN e International

Guille Eddy

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Mariberta Byler

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John y Marsela Hill

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Peter y Mariette Stott

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y mas profesores

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Amalia Corvalan

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Anna Martinez

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